Los une la misión de brindar contención a los jóvenes que más lo necesitan. Por esta noble búsqueda, los clubes Ingenio Viejo (de La Reducción), El Corte FC (de Alderetes) y Fundación Mapa (de Banda del Río Salí) representan un soplo de aire puro en el torneo de Primera B de la Liga Tucumana de Fútbol. Ellos ayudan a no perder de vista cuál es el camino a seguir. Con estos ejemplos de compromiso comunitario se fortalece uno de los preceptos que les da vida a las entidades deportivas y se visibiliza el rol social que deben cumplir en su carácter de asociaciones civiles sin fines de lucro.

Así como sucede con muchos otros clubes de la provincia, los nombrados tienen su propia historia para contar, un presente para aplaudir y un futuro que está en manos no sólo de la dirigencia, sino también de quienes forman parte de cada uno de ellos. Nunca hay que perder de vista que propuestas como las mencionadas son sinónimo de puertas de entrada a un futuro profesional en el fútbol, con todo lo que eso significa en tiempos de falta de oportunidades en general. En esta aventura llena de matices están todos sus integrantes imbuidos de un objetivo en común.

Tanto Ingenio Viejo, como El Corte FC y Fundación Mapa están emplazados en lugares populosos de la geografía tucumana, no exenta de dificultades, necesidades básicas insatisfechas y horizontes acotados debido a la crisis económica y social. De allí que sus iniciativas tengan un plus que debe seguirse de cerca, no sólo cuidándolas, sino también apoyándolas.

Lo de la gente de La Reducción es un emprendimiento que, desde un principio, se basó en la contención social para sacar a los chicos de la calle. Una de las iniciativas fue armar merenderos comunitarios. Con el paso del tiempo fue creciendo el número de chicos que asistían y entonces se armaron equipos de fútbol de categorías infantiles para jugar en torneos de la zona. Hoy son 450 los pequeños y jóvenes de entre cinco y 18 años, de la zona de influencia (más Mercedes y Lules) que se entrenan en un predio ubicado detrás de una conocida fábrica de alimentos. Para ellos, competir ya es una realidad y eso es también un motivo de orgullo para la comunidad, a la cual los dirigentes piden de manera permanente que los acompañen. En buena medida eso se está dando, con el aliento, el apoyo y el pago de una cuota mínima.

La situación tiene detalles similares en el emprendimiento con base en el barrio El Corte de Alderetes. El fútbol es la excusa para dar pelea, aunque hay más: dicho por sus dirigentes, se hacen “malabares” para que los chicos que asisten no sólo piensen en hacer deportes, sino también en estudiar. El esfuerzo de todos es tremendo, acomodando horarios para que nadie se quede afuera. Es para destacar que todos los que juegan proceden de hogares humildes y que con mucha garra logran superarse día a día.

Lo de la entidad bandeña es otro caso de red de contención. La premisa de sus conductores desde que empezó como una escuela de fútbol en 1999 fue darle continuidad a la iniciativa deportiva desde las inferiores, y que nadie se quede en la calle. En 2011 todo se dinamizó, la idea fue creciendo y hoy son 250 los chicos que participan. No se cobra cuota por enseñarles los secretos del deporte. Y, al decir de los dirigentes, lo que los moviliza es un gran corazón con forma de pelota de fútbol.

Estas realidades, destacadas porque acaban de dar un salto de calidad en la competencia en la que participan, forman parte de un contexto amplio de clubes comprometidos en Tucumán. Son todos una guía para muchos y la ratificación de que, cuando se quiere, se puede.